En Coquimbo, cualquiera que haya trabajado en obra sabe que el suelo fino saturado de las terrazas costeras se comporta distinto cuando tiembla fuerte. La arena de la Pampilla y los limos de Tierras Blancas no son teoría de libro: son terreno real que hemos visto fallar. El análisis de licuefacción de suelos en esta zona requiere cruzar datos de penetración con el nivel freático real de cada estación, no el promedio histórico. El puerto está sobre depósitos cuaternarios con napa alta en invierno, y eso cambia completamente el factor de seguridad. Para tener un perfil confiable, partimos con ensayos CPT que permiten registrar la resistencia de punta sin alterar la muestra en los estratos críticos, algo indispensable cuando el tiempo de ejecución apremia.
En Coquimbo, la napa freática a menos de 2 metros en invierno convierte depósitos inofensivos en verano en suelos con alto potencial de licuación.
Aspectos locales
Comparar el sector de La Herradura con la zona centro de Coquimbo muestra por qué el análisis de licuefacción de suelos no puede estandarizarse. En La Herradura predominan arenas eólicas y depósitos de playa sueltos, con nivel freático casi superficial y drenaje lento. Si ocurre un sismo interplaca como el de Illapel 2015, el exceso de presión de poros se dispara y la capacidad de soporte se pierde en segundos. En el centro, en cambio, los suelos finos de la terraza marina tienen más cohesión, pero la napa sigue alta en invierno y los rellenos antrópicos mal compactados son una incógnita. Ignorar el potencial de licuación en cualquiera de los dos sectores implica riesgo de asentamientos diferenciales severos, desplazamiento lateral de fundaciones y corte de servicios enterrados. La microzonificación sísmica local aún tiene vacíos, así que la evaluación sitio-específica es la única herramienta realista.